La Comida, ¿El Mejor Ansiolítico?

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Cuando estamos ansiosos, el cuerpo siente que “le falta algo”, hay una gran necesidad de protección, de no sentirnos perdidos, comprensión, tranquilidad, etc.  Pero lo que menos nos falta es comida.

Inconscientemente pensamos que si nos introducimos algo a la boca nos vamos a sentir mejor, “comer esto es lo único que me tranquiliza” y  ya sabemos el resultado de eso… al final nos sentimos PEOR.

Entonces nos reprochamos porque pensamos que no tenemos fuerza de voluntad, ¿Qué he hecho? Me he comido una tableta de chocolate (Galletas, Golosinas, Patatas fritas, etc.) sin saborearlo, ni siquiera lo he masticado bien. ¡Me siento fatal!

Hemos comido para calmarnos  y ello nos hace sentir culpables, nos avergonzamos y sentimos que no tenemos control sobre nosotros mismos,  con lo que se genera un nuevo estado de ansiedad, peor que el que se trataba de calmar, ya que este va acompañada de remordimientos y culpa.

El principal responsable sentir  ansiedad es el déficit de un neurotransmisor llamado serotonina. La serotonina es el neurotransmisor del bienestar y del placer y también del buen humor. Si en nuestro día a día nos sentirnos irritados, ansiosos o angustiados, es posible que de manera instintiva vayamos a buscar un modo rápido de subir la serotonina. El modo más rápido de liberar serotonina es ingerir  hidratos de carbono, nos produce una sensación de tranquilidad y relajación que nuestro cerebro desea repetir. Y así, volvemos a buscar una justificación para comer nuevamente.

¡Mañana empiezo! Con esta declaración ya nos sentimos con vía libre para volver a comer.

Ya sabemos que genera esas ansias incontrolables por comer, ahora vamos a enfocarnos en la solución.

Hay muchas maneras de mantener  alto nuestros neurotransmisores de la felicidad sin recurrir a la comida y sin que afecte nuestro peso.

1.- Acostúmbrate a prepararte  infusiones,  tomar tés naturales ayuda a controlar el ansia de azúcar y si son relajantes como la manzanilla tilo y valeriana, te proporcionaran un estado más relajado.

2.- Si a la hora del desayuno consumes una mayor cantidad de proteínas el organismo se sentirá satisfecho durante el resto del día, lo cual reduce el deseo de picar entre horas.

3.- Ojo con los alimentos crujientes, hay un fuerte placer al consumir este tipo de productos, se convierten en adictivos. Cámbialos por zanahorias, apio o frutas.

 

4.- Hacer ejercicio o camina a buen ritmo, esto nos provoca una sensación de bienestar aunque estemos cansados. La vida sedentaria aumenta las probabilidades de sufrir ansiedad, ya que el cuerpo necesita cansarse, estirarse y la flexibilidad física tiene mucho que ver con la flexibilidad mental.

5.- Hacer ejercicios de relajación o visualización enfocados a separar la sensación de ansiedad y la sensación de hambre. Para ello hacemos unas cuantas respiraciones profundas y centramos nuestra atención primero en las sensaciones que nos provoca la ansiedad y tratamos de localizar físicamente dónde se encuentra, donde está ejerciendo mayor presión en nuestro cuerpo.
Otro de los beneficios de este ejercicio, llevado con rigor, será el de saber reconocer esos estados psicológicos que a veces parecen volvernos locos, en gran parte de las ocasiones, por ser desconocidos.

Cuando somos conscientes de nuestras sensaciones, conseguimos que no nos afecte tanto y podemos controlarlas.

Así que la próxima vez, cuando la necesidad de comer algo te golpee, detente por un minuto, respira y trata de imaginar como te sentirías con esos kilitos de menos.

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