La Envidia: ¿Puede Provocar Ansiedad?

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La envidia es una emoción nada agradable, surge de las comparaciones, de sentirnos y creernos menos que los demás, nos perturba ese pensamiento acerca de que el otro posee lo que nosotros no tenemos, puede ser un coche, una casa, dinero, pero no solo se desean posesiones materiales,  se puede envidiar el reconocimiento, fama o simplemente la felicidad.

Hay veces que experimentamos una sensación de injusticia,  suele aparecer cuando la persona que envidiamos no nos agrada, “Es tan injusto, yo me lo merezco más” y empieza a crecer el resentimiento e incluso odio.

Otras veces nos provoca tristeza, sentimos que nosotros también tenemos derecho a poseer aquello que tienen los demás, o que tienen más suerte y nosotros no.

Cuando envidiamos a seres queridos, surge un sentimiento de culpa, nos avergonzamos de tener esos pensamientos y sin darnos cuentas, empezamos a estar ansiosos.

Un recurso muy recurrente es expresar la envidia en forma de críticas, y como todo es susceptible de ser criticado, damos rienda suelta a los resentimientos. A veces caemos en la tentación del chismorreo, ¡disfrutamos hablando mal de la persona que envidiamos! Esto nos da una sensación de alivio momentáneo, pero pronto vuelven aparecer ese sentimiento de amargura.

Pero  la envidia no sólo hace acto de presencia por «acción» sino también por «omisión». Hay comportamientos que requieren ser alabados y aplaudidos, y no hacerlo, es igualmente una demostración de envidia.

¿Cómo nace la enviada? Envidiamos lo que no tenemos, pero solo si nos creemos incapaces de obtenerlo por nosotros mismos. Es ahí donde empezamos a  hacer comparaciones sociales desfavorables para nosotros.

Aunque nos cueste admitirlo, la envidia tiene mucho que ver con nuestra autoestima, nos sentimos menos capaces ante la imposibilidad de alcanzar los objetivos que otros logran, nos vemos más frágiles y esto facilita desarrollar un sentimiento de fracaso personal.

La envidia mata la alegría, el entusiasmo, la ilusión compartida, creando sentimientos de tristeza de las propias carencias, angustia, resentimiento y culpa. Crea ansiedad y miedo, puede suscitar rabia si lo deseado se ve retardado o frustrado.

Es importante no reprimir la envidia, al verbalizarla la reconocemos y así es más fácil transformarla, como, preguntándonos, ¿Cómo puedo conseguirlo aquello que envidio?, ¿Me falta eso para ser feliz?, ¿Lo necesito realmente?

Transformar la envidia en un mecanismo de motivación, puede ser estupendo para mejorar como persona o una situación, que sea el motor para esforzarte a alcanzar aquello que tanto envidias, si otros pueden, tú también puedes. En lugar de desear lo que otros logran, mejor aprende cómo lo hacen y  lo obtienen y así poder cambiar esos aspectos en tu vida que no terminas de aceptar.

Esta entrada fue publicada Psicología.


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