¿TE QUEJAS CONTINUAMENTE?

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Nos quejamos de otras personas, hablamos de sus características negativas, resaltamos su falta de valores, su deshonestidad, lo que hicieron o dejaron de hacer.
Nos quejamos de nosotros mismos, de lo que nos duele, del trabajo, de la familia, del cansancio, del tiempo, lo expresamos en voz alta o lo pensamos. En toda queja hay un sentimiento de injusticia, “Esto no tendría que ocurrirme a mí”.
De bebés, el llanto era nuestra expresión para quejarnos, atraía a nuestra madre para satisfacer nuestras necesidades de cuidado, alimentos y sobre todo protección, ese mecanismo nos ha permitido que alguien se ocupara de nosotros para poder crecer hasta que somos capaces de crear nuestros propios recursos. Pero muchas veces seguimos utilizando esa estrategia para que los que nos rodean se hagan cargo de nosotros.
Esta es una conducta perniciosa ya que nos convertimos en seres dependientes en busca de constante consuelo y compasión. El que recibe la queja puede cansarse de hacerse cargo de una persona que no se ayuda a sí misma, y es que en el fondo, es más reconfortante que nos compadezcan en lugar de tomar la decisión de cambiar las cosas que nos incomodan.
Si hay algo que no nos gusta, lo ideal es utilizar esa energía, la de quejarnos, para crear soluciones y construir nuevas opciones.
La queja es un lastre, es una necesidad enmascarada, perdemos el tiempo lamentándonos en lugar de cambiar las situaciones para mejorar.
Todos estamos expuestos a sufrir frustraciones en la vida, lo importante es como toleramos esos contratiempos y la confianza que tengamos en nuestras propias capacidades.
Pregúntate cuál es el mensaje que quieres transmitir o qué frustración se esconde detrás , en toda queja se oculta un miedo, y ya sabemos, que los miedos son los grandes amigos de la ansiedad.
Aprender a pedir cuando necesitamos que nos cuiden, en vez de quejarse, es lo que nos hace ser adultos responsables y maduros, expresar nuestras necesidades con claridad, “Me gustaría que pasaras más tiempo conmigo” o ” Necesito que me ayudes en…”, las peticiones crean empatía y nos acercan a las personas, una recriminación o hacerse la víctima, crea rechazo.
La próxima vez que sientas ganas de quejarte, transfórmala en una petición y observa el resultado.
Patricia Hales
Psicóloga Especializada en Ansiedad

1º Consulta Gratis

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